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The Bolero / El bolero

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LA HISTORIA DEL BOLERO

 

La historia del bolero es amplia y compleja. Nació como una endecha en la cual el principal tema era homenajear a la mujer, al amor, a la belleza física y espiritual de la pareja. No había en esos tiempos temas ofensivos, hubiera sido un sacrilegio. Esa primera época del bolero fue esencialmente romántica. Bolero que canta al amor, a la dicha de querer y ser querido. Los jóvenes no conocen estas canciones, pero una vez que las conocen aprenden a amarlas, y recordarlas. Hoy los boleros no tienen mensaje, los de antes sí lo tenían.

La Enciclopedia Microsoft Encarta dice que el bolero "tuvo, supuestamente, su origen en Cuba, para después desarrollarse en toda América logrando su apogeo en la década de 1950, en México. Su relación con la música española del mismo nombre del siglo XVII es lejana. La base musical la componían dos guitarras y un requinto para las  melodías, a lo que se sumaban dos voces que realizaban las armonías. Así lo idearon Los Panchos en 1944. Si bien el bolero ha tenido modificaciones a lo largo de los años, el contenido de sus letras ha tratado siempre sobre amores imposibles o inútiles".

Los primeros boleristas tenían que saber cantar, tener buena voz. Primaba la sencillez sobre la forma; primero era el mensaje antes que el adorno.

 

LOS PANCHOS

Un trío mexicano que significa un capítulo aparte en mi generación. Quienes llegamos a la adolescencia en los años 50 crecimos y desarrollamos nuestros sentimientos con los boleros de "Los Panchos". Con ellos aprendimos a sentir el amor en su expresión más noble. Enamoramos con las letras de estos boleros, que eran como mensajes musicales hacia nuestras enamoradas. Yo he tenido el privilegio de bailar estos boleros en la época en que fueron creados. Los Panchos participaban en las películas del momento (mexicanas), vinieron de visita y los escuchamos por radio (no había aún televisión). Quien diga que no ama los temas de Los Panchos es que no ha vivido intensamente su juventud. Como músicos, ellos representaron una revolución dentro del bolero. Lo que hasta entonces había sido territorio de la orquesta lo transformaron en privilegio de la guitarra. Las cuerdas pulsadas con mano diestra, las voces afiatadas hasta la excelsitud, dieron como fruto canciones de tanta intensidad anímica como "Rayito de Luna" o "Una Copa más", verdaderos clásicos del romance. Las canciones de "Los Panchos" nos llegaban en frágiles discos de carbón del sello "Columbia", de etiqueta roja o naranja. Había que tocarlos con "pick-ups" de agujas de acero, que a las fiestas había que llevar en cajitas (cada aguja no duraba sino para tres o cuatro canciones) porque la punta se gastaba al recorrer los surcos de los discos, que giraban a 78 revoluciones por minuto. Tiempo más tarde salieron los discos pequeños de 45 r.p.m. y más tarde aún los de 33 1/3 r.p.m. llamados long plays (LPs). Alguien intentó hacer un super LP de 16 1/3 r.p.m., llamado el disco-libro, pero no pegó. Lejos estaba todavía el Compact Disc, tendría que venir primero la cinta magnetofónica para derrotar al LP.

Naturalmente Los Panchos tuvieron precursores. Los Calaveras, Los Bribones, Los Hermanos Martínez Gil. Y cuando Los Panchos se hicieron famosos también surgieron competidores: Los Tres Diamantes, Los Tres Ases, y Los Jaibos. Pero ellos, Los Panchos, fueron únicos, hicieron historia, y nunca fueron opacados por nadie.

El sonido inconfundible de Los Panchos fue el sonido de toda una generación.

 

EL BOLERO CANTINERO

El bolero de cantina es una historia aparte. La cantina es el consultorio sicológico de los pobres, y la mesa de ella el diván del siquiatra. Allí se cuentan todas las penas y tristezas, los males de amores, y se dan y reciben los consejos de los amigos. En la mesa de la cantina se resuelven todos los problemas, se liman o exacerban asperezas, se recuerdan amores y se ahogan las penas. El trago y la música siempre han estado de la mano, y por añadidura también el cigarrillo. Sea con un espumante vaso de cerveza o con un áspero ron, el bolero de cantina adquiere una connotación de protesta y de súplica, de declaración desesperada y de maldición soterrada. Si el bolero ya había sido en esencia una declaración musical, en la cantina el bolero se reviste de vapores alcohólicos que le extraen franqueza y desvergüenza. El bolero de cantina nació con las viejas rockolas, en las cuales por una moneda se compraban tres minutos de nostalgia que uno sentía propios. Muchas monedas de mi bolsillo alimentaron esas hermosas rockolas, y desgranaron melodías de intenso nivel, que hablan de angustias, esperanzas y juramentos. Muchas horas de mi vida están invertidas en las cantinas. Las fábricas cerveceras me deben por lo menos un 2 por ciento de sus acciones, pues tanto yo como mis amigos, auténticos campeones del arte de beber, debemos habernos consumido unos cien trailers de rubias.

A Lucho Barrios, Pedrito Otiniano, Alci Acosta, y Julio Jaramillo, y también naturalmente a Daniel Santos, Bienvenido Granda, Celio Gonzáles y los demás grandes de la Sonora Matancera, les debemos parte de las grandes alegrías de nuestra vida. Iván Cruz y Guiller, que se dicen los reyes de las cantinas, llegaron tarde, cuando la mesa estaba servida.

Tiempo después, ya en los 60, surgió la nueva ola, y de allí la balada, otro género del romanticismo musical que tuvo sus excelsos cultores.

 

EL BOLERO

Por Agustín Pérez Aldave

El bolero está vivo y está tan vivo que siempre cumple cien años. Las conjeturas sobre su nombre son tan infinitas como las versiones sobre su origen. La folclorista Iza Zamácola dice que Sebastián Cerezo lo bailaba en La Mancha realizando hábilmente el doble de pasos que correspondía a la pausada danza. Parecía que volaba, se impresiona. De ahí el término "volero", según ella. Otros dicen que viene de boleras, o sea, de las bolitas de pasamanería que las gitanas lucían en sus vestidos de fiesta. No faltan quienes se aventuran a atribuirlo al sevillano Antón Boliche.

Pero don Natalio Galán, en su sesudo ensayo "El Degenerado Bolero", toma tales versiones con sorna. Es que nada liga al bolero latinoamericano con su homónimo español surgido hacia el siglo XVIII, con probables influencias moriscas, cuando bailarlo era signo de distinción y nacionalismo. Este carácter lo mantuvo aquí en nuestro continente hasta la tercera década del siglo pasado en que era muy apreciado por la alta sociedad. En la década siguiente se hace más lento y va cobrando algunos de los rasgos que hoy lo distinguen.

De repente tomó el aire de la contradanza. Tal vez. Lo cierto es que se le ubica en la penúltima década del siglo XIX en la trova de Santiago de Cuba, con menos guitarras, sin castañuelas, ya acriollado. Uno de sus cultores es José Pepe Sánchez, a quien se atribuye el primer bolero del que se tiene noticia: Tristeza, que data de 1895 y dice así:

"Tristezas me dan tus penas mujer /profundo dolor se apiada de mí /no hay pena mayor que me haga sentir /con tu anhelo yo sufro por tí. /La vida es adversa conmigo /no logra ensanchar mi pasión /un beso me diste un día /lo guardo en mi corazón..."

La maravillosa fusión de lo hispánico y lo afrocubano, que tiene en el bolero su más acabada síntesis, recibe al mismo tiempo aportes de México, donde a influjo de la canción lírica italiana iba naciendo una particular expresión romántica.

A nuestro juicio, es el son el que le da mayor fuerza al apasionado ritmo. El Trío Matamoros, por ejemplo, crea esa pieza maestra y cadenciosa que es Lágrimas negras:

"Sufro la inmensa pena de tu extravío /siento el dolor profundo de tu partida /y lloro sin que tú sepas que el llanto mío /tiene lágrimas negras /tiene lágrimas negras como mi vida..."

Así, el bolero va asimilando cuanto ritmo le sale al paso dando lugar a una serie de variantes que lo mantienen en el gusto de los aficionados y su ejecución es hecha por diferentes tipos de orquesta.

En tanto, en México el músico-poeta Agustín Lara, con su tajo en la cara, su cursilería a mansalva y una caudalosa cultura prostibularia -aspecto que determina todo un tópico- va erigiéndose como un compositor extraordinario. Sus dos intérpretes predilectos serían: Pedro Vargas, tenor que procedía de la ópera donde escaseaba el trabajo, y Toña La Negra -la del visceral reclamo en Arráncame la vida- quien, según los comentarios, fue presentada a Lara en un burdel donde él tocaba el piano. ¿Quién no ha sentido el alma apretada con la antológica Noche de ronda de Agustín?.

"Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad /¿a dónde vas? /dime si esta noche tu te vas de ronda como ella se fue..."

En lo literario, el bolero también va sufriendo cambios. No todo es modernismo en él, ya que se aproxima al mundo cotidiano y doméstico de los amantes en la urbe latinoamericana. A veces como una crónica roja.

Por otro lado, tendría en el cine y la radio a sus dos más importantes vehículos de difusión. Se convierte en el correlato musical y querendón de la radionovela en una época de mayor inocencia en el amar, pero también de transgresión de ciertos tabúes, como lo revela la presencia de temperamentales mujeres boleristas -Olga Guillot, La Lupe, Celeste Mendoza, La Freddy, a quien Cabrera Infante ha inmortalizado en Ella cantaba boleros- y actrices, como la doña María Félix. Este look hoy es revisitado por Tania Libertad.

Los cincuentas son los años de las experimentaciones. El feeling da lugar a una revisión de la manera de enfrentarse al ritmo romántico y lo mismo ocurre con las letras. Hay más poesía -Contigo en la distancia, Delirio- y los cantantes dramatizan en su interpretación. Pero se sigue debatiendo entre dos vías. Una refinada y otra más popular. La segunda remite al barrio, la cantina y sus circunstancias. Aunque boleristas como el notable Tito Rodríguez logran pegada a nivel general.

Para varias generaciones ha sido La Sonora Matancera la gran maestra de la educación sentimental. A esta agrupación se debe, precisamente, la gran difusión del bolero a nivel latinoamericano. Sus integrantes se batían por igual en la guaracha que soltanto las penas y furias del corazón en ritmo lento y arrulladoramente sabroso.

La Matancera contó con boleristas de lujo de todo tipo. Desde el arrabalero Daniel Santos al exquisito Vicentico Valdés. Es más, solía armar gran revuelo con algunos boleros. Esto ocurrió con Señora, que cantaba el bigotón Bienvenido Granda:

"Señora, te llaman señora /y todos te respetan sin ver la verdad... /Tu eres señora y eres más perdida /que las que se venden por necesidad... /Señora, con todo tu oro /lástima me inspiras, pues vives la vida /sin Dios ni moral".

Boleros hay de todo tipo. Desde los mundamos hasta los de alabanza exagerada de la pareja. Los hay con arreglos glamorosos y voces refinadas, pero también de los otros que agarran carne al primer compás con voces callejeras, como es el caso de Orlando Contreras y Rolando La Serie.

Asimismo, hay boleros que tienen su propia historia real. Así ocurre con "Nosotros" de Pedro Junco, quien lo escribió a su amada, en forma de carta y a manera de despedida, al enterarse que tenía una enfermedad incurable:

"Atiéndeme /quiero decirte algo /que quizá no esperes /doloroso tal vez..."

Aunque en los sesentas sus agitadas aguas se calmaron un tanto ante la arremetida del rock y la balada, la enamoradiza cadencia latina ha esperado sus momentos para pegarnos otra vez alevosos zarpazos al corazón. Por estos años se destapa el cubano Roberto Ledesma en el exilio y el chato Manzanero como el último grande de la composición, aunque como cantante no sea nada del otro mundo.

Pero el bolero nunca dejó de estar presente. Ya en los setentas, fue la gran prueba de fuego para que los bravos de la salsa templaran sus cuerdas vocales. Ahí están Héctor Lavoe, Ismael Miranda, el mismo Rubén Blades y el más importante cantor romántico de la expresión: Cheo Feliciano.

Para el público que recién se aproxima al bolero - a partir del estruendoso éxito de Luis Miguel, que ha conquistado a todos- ésta es una moda más que hay que vivirla. Esto es falso porque el ritmo en cuestión siempre permaneció entre sus fanáticos y tuvo difusión a través de numerosos programas radiales que hasta hoy prosiguen.

Después de la salsa erótica, el bolero prosigue victorioso. Tiene como intermediario a Juan Luis Guerra con sus acarameladas bachatas. Y el latin-jazz también lo acoge, como hacen Tito Puente y Dave Valentín. Actualmente, se nutre incluso del rock y de todas las posibilidades de la electrónica.

Hoy todos quieren cantar boleros y no son pocos los que en el intento salen muy mal parados. Cabe agregar que los arreglos con que ha contado el divo mexicano y que son tan alabados, ya fueron realizados anteriormente en numerosos cantantes que no tuvieron la fortuna de Luis Miguel.

Luis Miguel asimiló muy bien la lección que le dio el chato Manzanero. Entendió que cantar boleros no es lo mismo que cantar baladas. Y nos puso de pasada una interrogante: ¿Qué es lo antiguo y qué es lo moderno?.

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